Innovación, gestión, excelencia e inteligencia.

El mundo de la consultoría, como muchos otros, se ha convertido en lo que un estratega sofisticado denominaría un “Red Ocean”. Por un lado las grandes de la consultoría se meten en terrenos en los que nunca habían entrado, por otro las pequeñas consultoras unipersonales y los freelance proliferan por todos lados como fruto de las reestructuraciones y concursos de estos últimos años. Los precios han caído en picado, pero no únicamente por la creciente presión por la oferta.

Con los años el grado de madurez de la dirección de las empresas ha ido creciendo. Donde antes te encontrabas un “Self-Made Man” con escasos conocimiento de gestión y al que mediante la consultoría le aportabas mucho, ahora te encuentras un “Black Belt Six Sigma Plus Plus”, con MBA en una escuela de negocios de reconocido prestigio y dos títulos universitarios. Las posibilidades de aportar un diferencial a estos cracks es menor. El valor añadido de la consultoría se reduce y, por tanto, la tarifa que un cliente está dispuesto a pagar por esos servicios también es menor.

Y allí está todo el mundo, en esas aguas fangosas y teñidas de rojo mientras el cliente mira con los ojos bien abiertos cómo los antaño grandes EGOS se retuercen a sus pies mendigando unos euros de facturación.

¿Y que hay que hacer ante esta situación? Pues lo que dicen los libros: innovar, gestionar de manera excelente, incrementar la eficiencia en la actuación comercial, potenciar el valor añadido de los productos,… ¿o ya no hay nada nuevo que crear en el mundo de la gestión, más allá de las aportaciones de Harvard?

Fernando Gastón

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