Cuando cursé mis estudios de Ingeniería de Telecomunicación desarrollé una forma de enfocar mi trabajo que dudo que hubiesen recomendado a nadie en una academia de estudios.

estudiante dormidoDe entrada, puse solución a una cuestión que me había amargado durante toda la infancia, perder el tiempo en clase.

Hay dos tipos de profesores los que te aportan más que lo que pueda aportarte un libro y los que no.

¿Para qué perder el tiempo con los segundos? La primera semana de cada curso iba destinada a identificarlos y protegerse de ellos.

Un ejemplo del primer tipo de profesor, que está llenando la red de virales, es Walter Lewin , un señor que es consciente de que es mucho más importante su labor de despertar pasión en el alumnado que la de dictar fríos conocimientos técnicos.

http://www.youtube.com/watch?v=ecl8xu3m-7k

Éste segundo video seguro que os sorprende y quizás hasta os despierta interrogantes.

http://www.youtube.com/watch?v=NeXIV-wMVUk

Para el segundo tipo de profesores no tiene sentido que el alumno vaya a clase, es mucho mejor coger un buen libro, leérselo y si tienes alguna duda, preguntas. De esta manera me ahorré muchas horas perdidas en clases inútiles; esta obsesión por la eficiencia me sirvió para obtener buenas notas, simultaneándolo con mejorar mi técnica de ping pong, trabajar full-time durante mis dos últimos años de carrera sin empeorar mi rendimiento académico y tener novia.

the-big-bang-theoryEl segundo gran hábito que inculqué de cara a minimizar el esfuerzo necesario para desarrollar mis estudios, todo por la eficiencia, fue el de estudiarme únicamente la teoría, nada de resolver problemas. Ya sé que esto no es lo que enseñarían en una academia de técnicas de estudio que se precie, pero las técnicas convencionales de estudio me aburrían. A mí me mueven los desafíos y cuando algo ya no es un desafío, me aburre.

La colección de problemas me la leía y simplemente reflexionaba sobre si me vería capaz de resolverlo o no. Me enfrentaba a tres tipos de problemas:

  • Los que veía claros que ni me molestaba en hacerlos,
  • Los que me despertaban dudas los intentaba y si veía que podía con ellos los dejaba y pasaba al siguiente.
  • Finalmente, los que veía realmente complicados, entendía que era porque no acababa de comprender bien la teoría y volvía a repasarme los apuntes. Si después de comprender mejor la teoría veía que sabía resolverlos, los dejaba estar.

¿Tenía sentido estudiar así? Sí, claro, porque mi objetivo en la vida ni era resolver problemas fáciles ni resolver viejos problemas ya resueltos, en aquel momento mi prioridad era enfrentarme a nuevos problemas que una vez resueltos hicieran que el mundo fuese mejor, ¿Qué sentido tenía entrenarme en hacer bien lo que ya sabía hacer? Yo lo que quería era aprender a enfrentarme a nuevos misterios, y para eso me preparé. Resolver problemas, como hacía la mayoría, solo servía para prepararse para resolver problemas ya existentes.

Los estudios sirven para algo más que para adquirir una serie de conocimientos técnicos, sirven también para configurar una seria de hábitos de trabajo que marcarán el resto de nuestra vida, cosas como: la capacidad de organizarse, la capacidad para atender a los detalles, la disciplina, la capacidad de análisis,… En mi caso, yo destacaría:

“La capacidad para saber si una teoría la he comprendido bien y aplicarla correctamente”

teoria y practicaUna de las frases que más odio es la de: “Una cosa es la teoría y otra cosa es la práctica”, es posiblemente, y disculpen la expresión,  una de las gilipolleces que sueltan las personas incapacitadas(por interés o capacidades) para comprender el mundo en que vivimos, por las personas que se resisten a que las cosas cambien, frase frecuentemente utilizada por las personas que hunden familias, empresas o países enteros.

Las personas a las que les parece poco práctico comprender mejor el mundo son incapaces de hacer otra cosas que resolver el problema patrón que una vez aprendieron, que quizás resolvieron por casualidad sin saber lo que estaban haciendo, y que cuando han cambiado las circunstancias no han sido capaces de adaptar el enunciado del problema o la comprensión del problema y han pretendido usar las mismas soluciones.

Un directivo intenta implantar el lean manufacturing y no consigue los resultados espectaculares que cabría esperar, no funciona y si piensa sobre ello, lo que piensa es que eso en su sector no funciona o que en su empresa no funciona, o que su equipo son unos inútiles, pero no piensa que quizás no lo haya hecho bien.  Es decir, fracasa en la resolución de un problema y en vez de releer un libro de W.E. Deming o J.P. Womack para ver qué es lo que no ha entendido y que le ha llevado a una aplicación incorrecta de sus teorías, se conforma con lo que tiene. Y cuando le hables de una nueva teoría de gestión te dirá “Una cosa es la teoría y otra cosa es la práctica”,  frase que es sólo de aplicación cuando la teoría no se ha comprendido correctamente.

Ya lo decía el psicólogo Kurt Lewin “No hay nada más práctico que una buena teoría”, que curiosamente comparte apellido con el práctico profesor con el que abría este artículo.

Estos científicos, que son mucho más listos y saben mucho más que yo, lo explican muy bien, tanto que hasta lo han publicado en la Harvard Business Review, cosa que no me pasará en la vida.

http://stratnotes.com/2012/12/12/theory-vs-practice-what-is-good-theory/

Fernando Gastón Guirao

Socio Director

Improva Consulting

NOTA: Doy por validado el método, los resultados académicos lo avalan al menos para mí.

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