El estrés nos lleva desde situaciones desagradables a corto plazo hasta problemas de salud importantes. Por suerte, con unas pequeñas pautas podemos mejorar sustancialmente.

 

Todos sabemos qué es el estrés. Lo hemos sufrido alguna vez, o lo estamos sufriendo de forma constante. Surge cuando creemos que lo que se nos exige o nos exigimos supera con creces lo que de forma individual o con ayuda de los demás podemos abarcar. Nos parece que no tenemos tiempo, recursos o conocimientos para afrontar la situación; estamos fuera de control.

A corto plazo podemos tener dolor de cabeza, dolor de estómago, trastornos de sueño, irritabilidad, falta de concentración o cansancio entre otros, pero si la situación se alarga puede haber “burnout” y consecuencias más graves para la salud como ansiedad, depresión, insomnio, obesidad, aumento de la presión arterial, enfermedades cardiovasculares y debilitamiento del sistema inmunológico.

Las causas pueden ser varias, pero en el lugar de trabajo puede haber factores muy diversos. Lo pueden ser las condiciones de trabajo (el lugar, la cantidad de trabajo, los horarios, etc), el no tener claramente definido el puesto de trabajo, tener pocas oportunidades de crecimiento en la empresa, un trabajo poco estimulante, la falta de claridad y demandas contradictorias, sensación de falta de control en las decisiones o el efecto de los problemas en el trabajo sobre la vida privada, por ejemplo.

Lo primero que podemos hacer es identificar qué tipo de estresores tenemos. Para ello se pueden anotar las situaciones estresantes durante un par de semanas (dónde, quién había, cómo reaccioné, cómo me sentí). Esto servirá para darnos cuenta qué patrones de estrés se repiten y qué factores lo originan. Seguidamente ordenarlos por menos a más estresantes y elaborar estrategias para afrontarlos uno por uno.

 

Estrategias para afrontar el estrés

Gestión del tiempo: utilizando listas, planes de acción que ayudan a organizar las listas de tareas, priorizar aplicando el Principio de Eisenhower de lo Urgente – Importante, evitando dispersarse con multitarea, atender el correo electrónico sólo a determinadas horas, intentar no procrastinar (dejar las cosas para último minuto), etc.

Principio de Eisenhower

Principio de Eisenhower

Respuestas saludables: hacer ejercicio, reservar un momento al día para aficiones o actividades favoritas, cuidar hábitos de sueño saludables (dormir suficiente, tener una rutina para dormir, horario estable, evitar cafeína de noche, evitar ordenadores o pantallas antes de dormir, etc.), aprender a relajarse y/o meditar, aprender a adaptarse con más facilidad a los cambios y ser flexible para evitar recaídas. También es buena costumbre tomarse algún día de vacaciones suelto para reponer “pilas” después de una temporada estresante.

Establecer límites: con las nuevas tecnologías podríamos estar trabajando 24 horas al día y con ello los límites entre vida personal y profesional se difuminan. Para tener a raya el estrés es importante poner ciertos límites como evitar mirar el correo después de cenar, limitarlo al máximo en fin de semana, no atender mensajes durante una tarea, etc. Así permitiremos romper con la línea ascendente de estrés y volver a unos niveles normales de tensión.

Cuidar las relaciones con los demás: las personas pueden ser una fuente significativa de estrés. Es bueno aprender a gestionar conflictos por prioridades, aprender a ser asertivos, gestionar los límites, saber tratar con solicitudes no razonables y aprender a decir “SI” a la persona, pero “NO” a la tarea, si ésta no se puede realizar por el motivo que sea.

Asertividad es la forma de comunicación en la que uno expresa lo que opina o siente, sin necesidad de perder los nervios, amenazar o insultar (comunicación agresiva), o callarse (comunicación pasiva). Cuando nos comunicamos asertivamente con el resto de la plantilla, defendemos nuestros derechos, conocemos nuestras necesidades y pedimos que se respeten, sabemos que las personas son responsables de sus actos, sabemos expresar pensamientos y sentimientos negativos de forma positiva, sabemos recibir críticas y alabanzas y aprendemos a decir “NO” cuando sea necesario.

Hablar con nuestro superior: ayudar a elaborar un clima laboral que promueva el bienestar de la plantilla. Para ello es aconsejable hablar para clarificar las tareas en la empresa, enriquecer el trabajo incluyendo tareas motivadoras, realizar cambios en el entorno laboral, identificar recursos de bienestar en la empresa y como se ha dicho, mejorar la gestión del tiempo, entre otros.

Estas son algunas de las estrategias para gestionar el estrés de forma individual. Las empresas también pueden ofrecer a los empleados soluciones que incluyen programas de desarrollo profesional, formación, conciliación familiar o incluso un servicio de Programa de Atención al Ampleado (PAE) para ayudarles en situaciones complicadas, tanto laborales como personales. Saber gestionar las relaciones con los demás y respetar las propias necesidades son una estrategia de éxito para reducir el estrés y facilitar el bienestar del equipo.

Cristina Surroca

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