La especialización y la versatilidad son términos que pueden parecer opuestos, pero si rascamos sobre ellos entenderemos que son enormemente compatibles.

Nuestro tiempo es limitado. No, no me refiero a una cuestión de agenda, sino a una cuestión de esperanza de vida. Desde que nacemos, cargamos con una cuenta atrás. La cifra que marca es desconocida y variable, puesto que se ve afectada por múltiples factores, pero lo que sí que sabemos es que no se detiene.

El principio de especialización radica en una combinación de ese tiempo limitado y el cada vez mayor conocimiento y experiencia acumulados por nuestra especie. No nos da tiempo a todo. No podemos pretender empezar de cero. No podemos pretender hacerlo todo. Y esto no es nuevo, pues ya en plena revolución neolítica, la especialización juega un papel fundamental en el avance hacia sociedades agrarias.

Por supuesto, la especialización impacta directamente y de forma muy significativa sobre las medidas de subsistencia. Estrechamente relacionado con los primeros modelos de mercado, la división del trabajo nos acompaña hasta nuestros días, protagonizando o coprotagonizando, en mayor o menor medida, las diferentes corrientes socioeconómicas que ha conocido nuestro mundo. Y, por supuesto, llega a su auge en los modelos de cadena de montaje desarrollados durante la Revolución Industrial.

La división estratégica del trabajo llega a suponer uno de los conceptos económicos básicos para grandes personalidades como Taylor o Ford. Incluso el propio Marx, aunque por causas diferentes, habla sobre el impacto de este modelo. Tras milenios de aumento progresivo de la división del trabajo en múltiples ámbitos es difícil discutir su efectividad.

Y al otro lado de la balanza tenemos la versatilidad: la capacidad de hacer de todo. Quizá pueda parecernos una tendencia muy actual, pero lo cierto es que se ha venido desarrollando también durante milenios, solo que en otros ámbitos. Por poner un ejemplo, la mera supervivencia en climas fríos implicaba una actitud mucho más versátil y, ya de paso, una filosofía social mucho más individualista. Cierto es que, tras la Revolución Industrial, la creación de puestos de trabajo versátiles fue quedando relegada en mayor medida al sector servicios, a puestos de dirección, a personalidades de carácter político, etc.

Ahora, sin embargo, la adaptabilidad parece ser una de las características más codiciadas por las empresas, pero ¿significa eso que la especialización ya no es rentable?

Por supuesto, vamos a encontrar ámbitos en los que la división del trabajo reporte mayores beneficios, pero encontraremos que una personalidad versátil se podrá enfrentar mejor a los problemas inesperados. Además, una organización con puestos menos definidos parece asumir mejor las pérdidas de personal, las bajas, las vacaciones, etc. ¿Hacia qué tendemos entonces?

Pero la pregunta real es ¿más versatilidad implica realmente menos especialización? ¿Puede que estemos cayendo en un falso dilema?

Lo cierto es que, si bien pueden parecer términos muy opuestos, su convivencia es muy factible. Hace unas semanas David Fernández, Director de Improva, comentaba sobre un caso en el que trabajamos lo siguiente: “recordad que el hecho de que todo el mundo sepa hacer de todo no implica necesariamente que todo el mundo tenga que hacer de todo”.

Pues bien, quizá en términos profesionales lo más inteligente sea diferenciar entre puestos y personas. ¿Podemos crear puestos especializados y ocuparlos con personas versátiles? ¿Podemos enseñar a los miembros de una organización a realizar ciertos trabajos que no van a tener que realizar a diario? La respuesta es sí. Podemos estructurar los departamentos atendiendo a criterios de eficiencia y, a su vez, gestionar el conocimiento y la experiencia de manera que creemos perfiles versátiles que puedan dar soporte a diferentes puntos de la organización en los momentos necesarios.

En definitiva, no tenemos que temer segmentar el trabajo en pro de la optimización, pues ello no va reñido con compartir el conocimiento y la experiencia dentro de nuestra organización. Además, potenciar esa flexibilidad nos hará más ágiles a los cambios. Que vendrán.

Ezequiel T. Blasco

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