En el entramado empresarial español encontramos joyas ocultas, maravillas que pasan desapercibidas para así, desde la humildad y la discreción, seguir creciendo y mejorando.

 

La pasada semana me vi con Pedro. Han pasado 12 años desde que le conocí como cliente y desarrollamos una sana amistad: lo mismo podemos ir a jugar unos hoyos de golf que perdernos en el bosque a coger setas. Durante todo este tiempo Pedro ha seguido estando en el comité de dirección, al igual que los otros miembros del comité y la dirección general. No conozco ninguna otra organización de ningún tipo con un equipo directivo tan estable.

Pero esa estabilidad no es más que el resultado de una forma de hacer:

  • Discreción. A pesar de sus éxitos nada leerás sobre ellos en prensa, es una decisión de la propiedad: ni premios empresariales, ni trayectorias ejemplares, ni casos del IESE. Prefieren hacer su labor en la sombra, hacer aquello en lo que creen evitando el riesgo de alimentar sus vanidades. El ego es un monstruo voraz al que tienes que dar de comer con frecuencia y que nunca se sacia. Pero hinchar el ego de sus directivos no es bueno para las empresas, aunque ellos lo demanden, porque acaba resultando caro.
  • Humildad. Es la virtud de aquellos que logran evitar alimentar su ego. La humildad es muy escasa hoy en día. No he sacado estadísticas, pero en mis visitas comerciales encontrar directivos de esos “que ya lo saben todo” está a la orden del día. Da lo mismo de lo que hables con Pedro, que te escucha sin interrumpir, esforzándose en sacar riqueza de aquello que le cuentas, da lo mismo lo que sea. Al final siempre llega la pregunta inteligente, ha comprendido, se ha arriesgado a cambiar y además se arriesga a preguntar para redondear su aprendizaje. Sabe que una vida no da para aprender todo lo necesario. La humildad ayuda a superar una vida de servicio a uno mismo para ponerla al servicio de terceros.
  • Implicación. La empresa es un objetivo personal para aquellos que forman parte de ella. Un ego imposible de saciar, acaba buscando metas más altas, abandonan inane su actual empresa, incapaz de saciarle, para buscar retos de mayor calado en otro lado. La implicación de las personas es combustible nuclear para las organizaciones.

 

Además, habrán desarrollado estrategias ganadoras, habrán acertado en sus decisiones de inversión y habrán hecho un montón de cosas bien, pero tengo claro que en la base de todas ellas están los tres pilares anteriores.

La empresa ha crecido de manera sostenida durante estos 12 años a pesar de la crisis (su negocio está vinculadísimo a la construcción) y su cifra de negocio ya está más cerca de los mil millones que de los quinientos.  Sigue siendo una empresa familiar, alejada de las fauces de grandes inversores internacionales que estarían encantados de desmembrarla.

No creo que Pedro tenga claro que, cada vez que le veo, aprendo yo más que él :).

Fernando Gastón

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