La consultoría tradicional, basada simplemente en la aplicación de metodologías, se queda muy corta a la hora de aportar valor en los mercados actuales.

 

En las organizaciones tienden a subestimar la complejidad de los problemas. Hace unos días, en una visita comercial, nos tildaban de generalistas porque tocábamos muchas teclas en un proyecto. Nos decían eso de que no se puede ser bueno en todo. Y es cierto. Entonces les volvíamos a explicar que resolvíamos problemas complejos y que para eso teníamos que ser capaces tanto de diseñar una organización nueva, como de rediseñar procesos, como de implantar un nuevo comité de dirección. Trabajamos con modelos que nos permiten interpretar realidades complejas independientemente de que esa realidad tenga lugar en una compañía de seguros o en una empresa industrial. El conocimiento específico de cada industria nos lo aportan nuestros propios clientes o expertos sectoriales, con lo que a pesar de no ser una big four, logramos enfrentarnos de manera efectiva a una amplia variedad de problemas. En resumen, somos buenos manejando el conocimiento necesario.

Aquí debemos entender dos asuntos clave:

  • Nuestro ESP (Equipo Sobradamente Preparado).
  • Modelos complejos (de los que hablaré ahora).

La ventaja de trabajar con modelos es que si estos son lo suficientemente complejos permiten enfrentarse a cualquier situación, son adaptativos y de alto valor añadido. Aprovecho para señalar que metodología y modelo son cosas sustancialmente diferentes. Una metodología es una serie de pasos que permiten alcanzar un resultado, mientras que un modelo es una forma de interpretar la realidad. En un análisis seguimos una metodología, una serie de pasos que nos acercan poco a poco a un conocimiento de la realidad que nos permite diseñar un plan de acción. El modelo bajo el cual desarrollamos los planes de actuación tiene 4 componentes: Organización, Procesos, Sistemas Operativos de gestión y Formación. Esas 4 componentes son 4 perspectivas desde las que podemos contemplar cada problemas para comprenderlo.

Existe otra forma de abordar la consultoría:

  • Equipo junior low cost.
  • Metodología muy cerrada (básicamente copiar “best practices”).

Esta última forma de consultoría, desafortunadamente muy frecuente, permite crecer rápidamente, desatiende las singularidades de una organización concreta y limita la aportación de valor. Basta con tener chicos jóvenes que copian la forma de hacer de unos y lo aplican a la forma de hacer de otros sin reparar demasiado en matices. Si las cosas no salen de la forma esperada la culpa es siempre del cliente. Mejor crecer despacito :).

Pongo un ejemplo muy sencillo, aparentemente. Estás en un restaurante y el camarero tarda en traerte la cuenta después de habérsela pedido. Lo que puede ser un problema sencillo, puede corresponder a una complejidad endiablada, como muestra el cuadro siguiente. Una simplificación que no ha entrado en temas como los procesos de contratación de personal.

problemas

 

En Improva tenemos una metodología que nos permite profundizar en los problemas que analizamos desde las doce perspectivas, identificar cuáles de los problemas que nos sugiere el modelo son reales y a partir de allí diseñar planes de actuación. Las metodologías nunca definen exactamente la solución a aplicar. Afortunadamente no somos robots. Las metodologías permiten a un director de proyecto alcanzar un nivel de conocimiento profundo y extenso sobre las situaciones a las que se enfrenta un cliente, que le facilitan establecer las líneas de actuación más adecuadas. La metodología nos acerca a la solución pero no nos la proporciona. Al final hay que dar un salto que implica asumir riesgos. Esa es la parte más difícil.

Fernando Gastón

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