El pensamiento crítico se convierte en un activo más valioso para las empresas que las titulaciones universitarias.

 

Hace no tantos años era común, para titulados de alto nivel, entregar un currículum en una empresa sabiendo con bastante certeza que te iban a llamar. Hoy eso ya no ocurre. Lo que algunos llaman sobretitulación está a la orden del día, y lo cierto es que cuando todo el mundo es especial ya nadie lo es. Los estudios universitarios y los niveles altos en idiomas ya no te colocan al principio de la cola, sino en la media.

Algo similar ocurre en el mundo de la consultoría. Hace unos años dábamos apoyo a empresas cuyos trabajadores tenían niveles diferentes de formación, mientras que hoy en día nos topamos con todo tipo de postgrados en casi cualquier nivel de las empresas. Entonces, ¿cómo podemos destacar?

Por suerte, los grandes profesionales de recursos humanos saben que esto está ocurriendo y están dando un giro inesperado para algunos. Donde antes se necesitaba un título de inglés, ahora simplemente se hace una entrevista íntegra en inglés. Donde antes se necesitaba un título sobre programación específica, ahora se ponen a prueba los conocimientos del entrevistado. Tanto es así, que esos grandes valientes que estudian por su cuenta sin titulación alguna (los autodidactas) están empezando a tener cabida en puestos de trabajo que antes quedaban reservados a titulados de la materia en cuestión.

Lo cierto es que cualquiera que haya estado en varias empresas trabajando sabrá que los conocimientos adquiridos previamente no sirven tanto como un manual de instrucciones, sino como una buena despensa con la que afrontar nuevos retos. Los conocimientos acumulados tienen un gran valor, por supuesto, pero cómo hacemos uso de ellos y cómo analizamos la información que nos rodea puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Entramos ya a utilizar el concepto “criterio”.

En las empresas se busca a gente con criterio, es una realidad. A día de hoy, la capacidad de discernir y abordar un problema con sentido común está menos extensa que las titulaciones universitarias. La capacidad de examinar y organizar la realidad percibida para después aportar valor supone, a menudo, un paso más para una organización en su continua carrera contra sus competidores.

Sí, seguro que algunos diréis que existen empresas que anulan el criterio propio de sus trabajadores, y solo buscan máquinas de hacer lo que se les diga. Francamente, a este modelo de empresa no es necesario tenerlo muy en cuenta, ya que duran muy poco, ya sea porque evolucionan o porque desaparecen.

Y para hacer alguna aportación práctica, diremos que la clave para tener criterio es desarrollar un pensamiento crítico. Ser conscientes de qué información tenemos, sí, pero ser aún más conscientes de qué información no tenemos. Tomar nuestras decisiones teniendo en cuenta nuestras limitaciones y las limitaciones de nuestro equipo. Optemos por no ser ni optimistas ni pesimistas, sino realistas. Analicemos las diferentes posibilidades atendiendo a criterios de probabilidad y de riesgo, y estemos preparados. Aportemos una buena dosis de pensamiento estratégico y tengamos especial cuidado con la impulsividad, ya que estar muy seguro de algo es la mejor forma de cagarla.

En la consultoría, como en el mundo laboral, cada vez importa más el criterio y menos los títulos. Por suerte, es en nuestro trabajo, y no en un papel, donde queda reflejado ese criterio. Nos leemos pronto.

Ezequiel T. Blasco

 

 

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