Al directivo le toca vivir en permanente APARENTE contradicción.

Las personas tendemos a clasificar a las personas: “este es cortoplacista”, “este es idealista”, “este es agresivo”, “este es sumiso”. Eso nos hace la vida fácil, nos hace tener la sensación de que vivimos en un entorno más sencillo, predecible y por lo tanto seguro. Encasillar es fácil y minimiza el número de variables que tenemos que manejar cuando analizamos nuestro entorno, minimiza la energía que gastamos procesando información y decidiendo. Pero lamentablemente, estas simplificaciones nos hacen cometer errores de juicio, sobre todo cuando evaluamos a personas capaces de adaptar sus pautas de comportamiento según las circunstancias.

El que busca esa falsa seguridad en su entorno tachará al flexible, capaz de adaptar sus actuaciones a las circunstancias, de falto de seguridad, chaquetero o inconsistente. Pero si algo caracteriza al ser humano es su capacidad de ajustar su comportamiento a las circunstancias.

Hace meses, me puse el gorro de empresario que tira adelante Improva y completé el test de Myer-Briggs. El resultado: parezco “ser” un INFP.  Hay a quien no le gustan los test porque no son realistas, pero si a alguna persona próxima a mi le hubiesen preguntado qué era yo, no dudo que me habrían asignado este tipo de personalidad; sin embargo, no siempre soy así. Cuando entiendes lo que es un INFP, lo último que puedes pensar es que un perfil como éste, tan poco práctico, pueda haber tirado adelante proyectos de éxito como Improva o Synapcor (Para que os hagáis una idea, Shakespeare parece representar a esta tipología). Pero hay razones que  justifican que alguien como yo pueda hacer cosas prácticas, como crear empresas rentables, además de soñar:

  • Los dos proyectos que he puesto en marcha surgen de pensar cómo pueden ambas empresas ser mejores consultoras que las que conozco, que no son pocas, en el ámbito de la consultoría. Reflejan ese idealismo mío. No son únicamente negocios, son proyectos que emanan de una visión de futuro mejor.
  • En el corazón de Improva siempre ha estado la creatividad y la innovación, la obsesión con romper con el pasado. Fruto de ello han surgido IKN, INEO y SYNAPCOR. Cada una de estas iniciativas tiene su razón y su sentido conceptual, son fruto de la reflexión, no del oportunismo. Si la teoría dice que hay que innovar, se hace; eso es muy INFP.

Pero mis empresas no pueden vivir únicamente de sueños, otros dos factores son fundamentales para su éxito:

  • Me he rodeado de un equipo que me complementa y que en muchos ámbitos me da 20.000 vueltas. Ellos de manera natural compensan mis carencias y sin esfuerzo hacen lo que a mí me agota. Con un INFP en la empresa basta para desesperar a los que gustan de que las cosas permanezcan :).
  • Pero ese sobresfuerzo, ese comportamiento quizás no tan natural/fácil en mí, lo tengo que hacer igualmente. Tengo que ser capaz de adaptar mis pautas de comportamiento en función de las circunstancias. Todos los directivos necesitamos hacerlo, y si no tenemos un problema.

Hace unos días completé el test de Myer-Briggs imaginándome, no como DG, sino como el socio de Improva que está haciendo una presentación de conclusiones a cliente (a nivel CEO /DG). Resultado: ¡También soy un ESTJ! En las antípodas de los INFP. Esquizofrénico, ¿no?.  Los ESTJs son “prácticos, realistas, y con los pies sobre la tierra, con una preferencia natural por los negocios o la mecánica”, justo lo que se requiere para decirle a un cliente con toda crudeza lo que le pasa y lo que tiene que hacer, conclusiones apoyadas en hechos, comunicadas de manera asertiva y expresadas con crudeza, que para eso  pagan. Y menos mal que no se me da nada mal.

Tendemos a pensar que necesitamos ser algo inmutable y que los demás también. Nuestras valoraciones tienden a estar cargadas de sesgos, empapadas de creencias personales. En su versión más simplista se tiende a llegar a conclusiones, más o menos explícitas,  como:

  • Si se parece a mí, bueno; si no, malo.
  • Si parece teórico no puede ser práctico (no hay nada más práctico que una buena teoría).
  • Si hoy se comporta así, mañana también, independientemente del cambio de circunstancias. Pararse a interpretar las circunstancias es cansado.

Conclusiones:

  • Como directivo es fundamental conocerse a uno mismo.
  • No hay una forma perfecta de ser directivo, hay muchas.
  • Hay que ser capaz de adaptar de manera consciente nuestro estilo de gestión a las circunstancias.
  • Sin nuestro equipo somos menos, pero debemos conocerles tan bien como a nosotros.
  • No podemos dejar de aprender en toda la vida. En cuanto creemos que somos algo concreto que hay que defender, dejamos de cambiar con el entorno y morimos como directivos.

Pero cuidado. En ocasiones tenemos que tomar decisiones con rapidez, con un  horizonte temporal muy corto. Las intuiciones, con todos los sesgos que pueden conllevar, pueden ser necesarias cuando no se dispone de plazo para comprender con todo lujo de detalles el marco de la decisión.  Así es la vida, también  hay que aprender a convivir con el riesgo.

Fernando Gastón

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