La distancia entre quienes deciden y el día a día real de las organizaciones a menudo hace que las decisiones se tomen sin conocer esa realidad.

Acabo de terminar de ver “La Gran apuesta” una película que trata sobre la crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, la famosa crisis NINJA. La recomiendo.

La película está protagonizada por Steve Carell, Mark Bauman en la película,  basado en la historia real de  Steve Eisman. Un grupo de inversores de Wall Street se da cuenta de que existe una burbuja inmobiliaria, que los precios de la vivienda están inflados y que los créditos hipotecarios que hay detrás de esas viviendas en realidad no tienen la más mínima garantía

La película narra cómo se desata una crisis financiera sin precedentes por culpa de la paquetización de hipotecas basura. Los bancos se enriquecen empaquetando dichas hipotecas y titulizando: emitiendo bonos respaldados por esas hipotecas.

En una de las escenas, Carell y su equipo empiezan a cuestionarse si existe una burbuja inmobiliaria, nadie parece querer ver que dicha burbuja existe. Solo ven cotizaciones al alza, la evolución de los precios de la vivienda, las primas de riesgo controladas, etc. Pero a nadie le interesa ver otra cosa, los agoreros están mal vistos. Parece imposible verificarlo, pero el equipo de Mark Bauman hace algo impensable para todos los ejecutivas de la banca, prepotentes que no salen de sus edificios de cristal. Bajan a hablar con vendedores de hipotecas, con agentes inmobiliarios y con las bailarinas de striptease poseedoras de docenas de hipotecas sobre viviendas que han adquirido. Después de su viaje exploratorio no les queda ninguna duda: antes o después la burbuja explotará.

Durante la misma película hay una conversación entre el mismo Bauman y un alto cargo de “Standard & Poors” sobre el rating triple A otorgado por la entidad a los CDO’s, que así llaman los entendidos a esos paquetes de hipotecas. A la directiva de S&P le da lo mismo cuál es la realidad ni va a hacer ningún esfuerzo por comprenderla mejor, es más, le da lo mismo que Mark le dé evidencias de que la realidad demuestra que esa valoración de triple A es falsa, pues lo único que le importa son sus incentivos para dar esa valoración.

Puede sorprender tal pérdida de contacto del mundo financiero con la realidad. Pero es que hay mucha distancia entre los modernos edificios de Wall Street forrados de mármol de la mejor calidad y la prostituta hiperhipotecada. Sorprende más que dicha pérdida de contacto de la realidad se produzca entre el despacho del director general de una compañía y las fábricas que tiene en la planta baja del edificio desde el que dirige, o el call center en la puerta de al lado. Pues a eso, amigos, me enfrento todos los días, y en ocasiones es desesperante. La maldición de casandra aplicada a la venta de servicios de consultoría.

conocer las organizaciones

Esto pasa cada día en las mejores casa. Llevas muchos años dirigiendo fábricas pero nunca has dirigido un equipo de ingenieros de desarrollo de producto. Te piensas que sabrás llevarlo, sin embargo tienes problemas con tu recién creada área de ingeniería y piensas que ya sabes lo que te pasa. No eres consciente de que tu conocimiento pasado puede no ser de utilidad ni adecuado a la complejidad del nuevo reto, no es lo mismo gestionar trabajadores desarrollando una actividad estandarizada que gestionar equipos de ingenieros que piensan delante de un ordenador. Te da lo mismo. La realidad en la que desarrolla su actividad una empresa excede la capacidad del individuo más dotado para comprenderla. Nunca des por hecho que sabes el terreno en el que te mueves.

Llevas toda tu vida en el mismo sector que es endogámico y los directivos son expertos en el sector y nunca han vivido otras realidades. Miras los benchmark sectoriales y según los ratios eres el mejor. Te das por satisfecho. En tu web dice que tu compañía es líder. Tenemos conceptos de liderazgo distintos, claramente. Un líder se define sus propias metas, no las que el sector le dicta. La autosatisfacción de un potencial cliente seguro de que su organización es la leche hace que se me disparen todas las alarmas que indican que, con seguridad, hay grandes oportunidades de proyecto.

Eres DG de una gran empresa, intuyes que tu organización tiene multitud de problemas. Viene un consultor y te dice que va a bajar al terreno y te va a mostrar la cruda realidad, entenderá las causas y te las transmitirá con toda crudeza. Dado que la inversión en el proyecto de consultoría te la aprobará el consejo, te imaginas que les tendrás que presentar las conclusiones. Contratarías el proyecto, intuyes que te iría bien, pero de manera no consciente buscas excusas para no hacerlo. Tu subconsciente te juega una mala pasada, él sabe que mejor que todas las miserias no lleguen al CEO.

Te gusta el glamour de la alta dirección: las moquetas que pisas, los contactos de alto nivel, manejarte con glamourosas consultoras estratégicas. Lo de patearte la calle no está hecho para ti, la eficiencia es cutre. Mejor paso la posibilidad de hacer un proyecto basado en el conocimiento de la realidad operativa unos niveles más abajo de mi organización, justo donde será debidamente silenciado.

Dar la espalda a la realidad es una cómoda estrategia de supervivencia. Puedes medrar sin enfrentarte a lo que pasa varios niveles por debajo tuyo. Con suerte te libras, te jubilas o cambias de empresa a tiempo, y el sapo se lo come otro, pero quizás no...

Fernando Gastón

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