Fruto de nuestra actividad social hemos adoptado todos unos ciertos hábitos que hacen más agradable la convivencia. Algunos son vitales, otros son formalismos anacrónicos y otros nadie saben porque están ahí, pero hacen bonito, por ejemplo:

Vital: no eructar en una comida de negocios, por ejemplo.

Anacrónico: la comida la paga el caballero a la señora.

Inútil: no inclinar el plato para poder apurar la sopa que te queda. ¡¡¡Te dejas lo mejor!!!

Muchas tienen un cierto sentido práctico (no mancharte con la sopa, por ejemplo) y en general, también son hábitos en los que nos educaron nuestros padres con mayor o menor éxito.

Desafortunadamente ese impacto paterno se diluye conforme el tiempo pasa pues mucha gente es incapaz de extrapolarlos al mundo de los negocios, donde nuestros padres tienen ya poco control. Este es un primer paso en el efecto dilución de la educación; y un segundo efecto, más fuerte todavía, se produce en el mundo digital.

“Un mundo que nuestros padres no conocieron y para el que no nos pudieron preparar de ninguna manera”

Aplicar normas de urbanidad tanto en negocios como en el mundo digital es relativamente sencillo si aplicamos el dicho “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”, pero la falta de consideración hacia los demás y la asimetría que provoca la cultura moderna, materialista, en la que cada individuo se coloca en el centro de su universo, hacen que una norma tan sencilla resulte de infrecuente aplicación.

Algunas cosas que me han pasado últimamente:

 Un fabricante de automóviles, me confirma que nos da un proyecto para el que habíamos presentado propuesta. Reservo al equipo estrella para dentro de un par de semanas y contrato gente para un nuevo proyecto que también empezaba en ese momento. Hasta me dan de alta como proveedor. De repente, empiezo a recibir largas: dentro de una semana, de dos, de un mes. Al cabo de un tiempo descubro que hay otros ejecutando el proyecto. Y yo pagando nóminas…

“Seguro que su madre les dijo que mentir no era de buena educación, por no decir que no es ético, pero se les olvidó :(

Vivimos en el mundo de los negocios. En un momento dado en la historia de los negocios se cambió el trueque, donde los dos comerciantes estaban al mismo nivel, por la moneda; a partir de ahí, se fue hacia un progresivo enaltecimiento del poseedor de dinero y un progresivo desprecio hacia el proveedor. Los que desarrollamos acción comercial sabemos lo que es morderse la lengua ante un cliente al que llamas por teléfono y te contesta, “no me interesa, estoy muy ocupado, y cuelga sin mediar palabra”. Sin embargo, otros demuestran una educación esquisita. Hace poco un directivo de Saint Gobain me decía,

“es mi obligación recibirte, tengo que conocer que hay en el mercado y saber quien me puede ayudar”,

una auténtica muestra de humildad y apertura de miras, consciente de que en cualquier esquina podía encontrar a alguien que le enseñase algo. Nos recibió, no nos contrató nada, pero no me importó gastar un billete de avión por poder conversar con una persona que en todo momento me tuvo en consideración. Y es que yo también tengo mi corazoncito.

En el extremo opuesto está el caso de un directivo que me recibió y con el que estuvimos cerca de dos horas hablando, sobre su empresa, su problemática, sobre como se podría enfocar un proyecto, sobre nuestra forma de entender el cambio en las organizaciones,  … Un auténtico curso de formación gratuíto. Nos pidió que nos pudiésemos en contacto con él en un par de semanas, pues tenían comité de Dirección y hablarían del posible proyecto con nosotros. Salimos entusiasmados. Al cabo de dos semanas primera llamada: “está reunido”, se fueron sucediendo semana tras semana los: “está de viaje”, “no está, “en este momento no puede atenderle”, “acaba de salir de su despacho”… Le felicité las fiestas por escrito y en papel, le envié correos electrónicos,… Nunca más se supo, hasta que… Le envié un correo electrónico porque un amigo mío, head hunter, estaba buscando cubrir un puesto de dirección en una multinacional. Tardó una hora en llamar a la oficina y al final del día recibí un correo electrónico suyo. ¿Me conviene como cliente? ¿O será el típico  que al final de proyecto te retiene facturas para ver que más puede sacar de tí?

Lo de no contestar correos electrónicos es generalizado, es como si te volviesen la cara cuando te cruzas con un conocido por la calle. Yo, por ejemplo, tengo por norma aceptar contactos en linkedin, siempre que vea que la persona se ha tomado como mínimo la molestia de cambiar el mensaje estándar de invitación linkedin. Basta con que me diga que compartimos grupo o que le ha gustado mi blog, o que nos conocemos de no sé qué. Tengo cerca de 5000 invitaciones sin aceptar, todas ellas las considero spam y por eso no las he aceptado, es como si por la calle te encontrases a un desconocido del que no sabes nada y te dijese “eh!!! Tú!!! Te tomas un café conmigo?”, ¡¡¡Sales por patas!!!

En justa reciprocidad siempre que solicito contactar con alguien soy prolijo en explicaciones, aún así muchos son los que no contestan.:(

Pero si hay una cosa que disfruto del blog, es la gente educada, aquellos que me felicitan, que me dan las gracias por poder disfrutarlo. Hay mucha gente que pone comentarios que me ayudan a reflexionar, en general todos muy educados. Las salidas de tono las censuro, escribo en el blog porque disfruto con él y los que lo seguís, intuyo que también.

No quiero que nadie altere la paz en el submundo improsofia.

AUTOR: Fernando Gastón Guirao

P.D. ¿Tenéis buenos ejemplos de mala e-duc@ción? compartidlos aquí.

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